Entendiendo al sudor

El ritmo de vida actual, sobre todo en las grandes ciudades, es dinámico y demandante. Por las mañanas no es raro ver correr a cientos de personas rumbo a la escuela o al trabajo; por las tardes, las altas temperaturas hacen estragos en todos, y por las tardes las aglomeraciones del transporte público y el tráfico son desesperantes.


Por la ciudad pueden verse muchos rostros cansados, pero sobre todo, cuerpos sudorosos. Es muy significativa la huella que el trabajo, el calor y las aglomeraciones dejan en el cuerpo de las personas. No, no hablamos del cansancio o de las arrugas en el rostro, sino de algo que se percibe casi sin querer: el olor de los demás.


Es inevitable, dirán algunos, es %u201Cla cuota de sudor que todos debemos pagar para sobrevivir%u201D. Tal vez lo sea, pero hasta cierto punto, así lo plantea el artículo del doctor Carlos Barraza Lanzarín, médico familiar y coordinador delegacional de Educación en Salud del IMSS, Delegación Zacatecas, mismo que aparece en la edición del mes de marzo de la revista A tu Salud, editada por el propio instituto. 


El ser humano es un ser homeotermo, es decir, que mantiene una temperatura corporal constante; para ello, es necesario que transpire en mayor o menor medida. Las glándulas sudoríparas se encuentran distribuidas por todo el cuerpo y es al nacer cuando se encuentran activas en su totalidad (lo que explica el olor característico de los bebés).


Con el desarrollo del cuerpo, tales glándulas van desapareciendo, a excepción de las que se encuentran en las axilas, alrededor del ano, los genitales, y en torno a los pezones, las cuales permanecen prácticamente inactivas durante la infancia, son estimuladas por las hormonas sexuales durante la pubertad y se atrofian en la vejez.


La sudoración es la respuesta normal del cuerpo a la acumulación de calor. Un adulto llega a tener hasta dos millones de glándulas sudoríparas, 99 por ciento de agua. La producción de sudor está relacionada con diversos factores y varía de una persona a otra. Por ejemplo, muchas mujeres sudan con más intensidad durante la menopausia, de igual forma, ciertas bebidas favorecen la sudoración, tales como aquellas que contienen cafeína y alcohol, o bien las bebidas calientes. Los alimentos picantes son otro factor, como lo son también el estrés y el nerviosismo.


El sudor humano tiene una composición parecida a la de la orina y es básicamente inodoro, siendo las bacterias que participan en su proceso de producción las responsables del olor desagradable. Estas bacterias se reproducen en las áreas del cuerpo que sudan y no están expuestas a la luz, si tales áreas están además recubiertas de pelo, el problema se agrava.


Un ejemplo clásico de una zona con poca ventilación y mucha sudoración son los pies donde, gracias a las características alcalinas del medio, proliferan bacterias productoras de metilmercaptano, gas que produce el llamado %u201Color a pies%u201D, que tantas quejas produce. Las bacterias causan la descomposición de proteínas, liberando aminoácidos (cisterna y metionina) que contienen azufre, de ahí el %u201Caroma non grato%u201D.


El sudar no debería pasar de ser una molestia menor, sin embargo, para muchas personas el olor despedido por pies, axilas, así como la excesiva sudoración de las manos llega a convertirse en un verdadero problema. Como se sabe, el mal olor y el sudor son algo muy mal visto por la sociedad actual.


Los intentos por neutralizar la sudoración y el mal olor han sido muchos a través de los siglos. A finales del siglo XIX, se produjo en Estados Unidos un desodorante hecho de una mezcla de sulfato de potasio y aluminio, con lo que inició un productivo negocio que incluyó después fragancias para disminuir los aromas desagradables. Más tarde llegarían los antitranspirantes para las axilas y los pies, al igual que los desodorantes para pies, el aliento, ropa y los destinados a la higiene íntima.


Hace unos años se cuestionó la acción de los antitranspirantes, a los que se relacionó con la aparición de cáncer de mama. Tal afirmación no cuenta, a decir de los expertos, con ninguna base científica, como ya lo demostraron estudios del Instituto Nacional del Cáncer y la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) de Estados Unidos.


El mal olor puede evitarse siguiendo las siguientes recomendaciones:


1. Bañarse cuando menos una vez al día.
2. Consumir al menos dos litros de agua diarios. Esto hará que las toxinas se eliminen sobre todo a través de la orina, lo que disminuirá la transpiración.
3. Usar ropa hecha de fibras naturales y cambiarse a diario.
4. Una alimentación rica en proteínas y grasas puede hacer más intenso el olor del cuerpo, al contrario de lo que ocurre cuando se ingieren frutas y verduras en buena cantidad.
 
  


 

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