Mitos y realidades de los fitoestrógenos

   Comprender los cambios que sufre el cuerpo no es una situación exclusiva de la adolescencia, pues llegada la cuarta o quinta década de la vida, las mujeres deben enfrentarse a una serie de alteraciones de humor, sueño y ciclos menstruales conocidas como menopausia.


Esta etapa es la interrupción definitiva de los periodos menstruales por el cese de la función cíclica de los ovarios; los cuales, también dejan de producir estrógenos, progesterona y andrógenos.


De acuerdo con la doctora Rita Pizzi La Veglia, del Hospital Universitario de Caracas, Venezuela, el fin de actividad hormonal ovárica se presenta entre los 40 y 50 años de edad; sin embargo, los síntomas varían de una mujer a otra.

No obstante, aclaró que existe un periodo anterior a la menopausia conocido como perimenopausia o climaterio en el que puede haber un incremento en el volumen de flujo, así como la frecuencia del sangrado menstrual.


Comentó que al presentarse la amenorrea (suspensión del periodo menstrual por un periodo mayor a 90 días) comienzan los síntomas vasomotores o bochornos, además de trastornos del sueño, irritabilidad y tendencia a la depresión.


El déficit hormonal también genera alteraciones en el sistema genitourinario, como resequedad vaginal, dolor durante las relaciones sexuales, trastornos en la libido y algunos problemas en el tracto urinario.


Pizzi La Vaglia aseguró que al no recibir el tratamiento necesario que resuelva la escasez de hormonas, la mujer incrementa las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y algunas alteraciones en el sistema nervioso central. Ello debido a la falta de estrógenos que estimulen la metabolización de grasas y fijación de calcio en los huesos.


Algunas mujeres suelen acudir a los fitoestrógenos, una terapia alternativa para controlar los síntomas de la menopausia. Empero, la experta aclaró que estos compuestos derivados de las plantas no están libres de tener efectos adversos.


A decir de la especialista, la creencia de que estos productos derivados de la soya son benéficos para la salud está basada en el hecho de que al formar parte esta planta de la dieta diaria de mujeres orientales, éstas reportan menores síntomas vasomotores y poca incidencia de cáncer de mama al llegar a la menopausia.


No obstante, los pocos estudios clínicos al respecto sólo se han hecho con mujeres que consumen los fitoestrógenos o isoflavonas de la soya desde temprana edad. Por lo que no obtendrán los mismos resultados quienes comienzan a ingerirlas pasada la cuarta década de su vida.


De igual manera, Pizzi La Vaglia hizo hincapié en que debe tomarse en cuenta el cuerpo de cada mujer, pues no trabaja igual el organismo de una mujer oriental que el de otras latitudes.


Sin embargo, aclaró que estos productos podrían ser útiles para reducir de una manera mínima los síntomas vasomotores y la fijación de minerales en los huesos, pero no resuelven los problemas genitourinarios, ni previenen enfermedades cardiovasculares o del sistema nervioso central.


Por ello es importante que la mujer no se automedique y acuda con el ginecólogo que evalúe si es candidata a recibir un tratamiento hormonal.

Acerca Redacción

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